sábado, 4 de agosto de 2012

De futuros imposibles

Voy a dar un poco de dinamismo al blog, que está bastante abandonado a la espera de prometidos vientos renovadores, cuando podría ir contando las pequeñas historias del verano, sucesos como la visita de Geroge R. R. Martin a España y en concreto a Asturias, o los proyectos en los que tengo la suerte de verme envuelto y que contaré en cuanto me sea posible. Mientras todo vuelve con fuerza, quiero recuperar la costumbre escribiendo pequeñeces.

Hoy en concreto, y con algún día de retraso, me apetece hablar de los sentimientos, las sensaciones que me produce la última adición a la franquicia de La Marca del Este, concretamente "el viajero de las estrellas".


A las mentes más encorsetadas, por extensión las más jovenes que sin la necesaria, o quizás solo suficiente, experiencia vital, aún les parece chocante, fuera de lugar y aberrante, la inclusión de un elemento de "Ciencia Ficción" en una ambientación de "Fantasía". Habría que hablar ahí del añejo y aún poderosamente enconado debate sobre si una y otra pueden diferenciarse; sin ánimo de entrar para no extenderme (y crear polémica), someramente diré que me encuentro entre los que no ven diferencia alguna, máxime cuando a la larga toda obra de Ciencia Ficción se ve completamente superada por la realidad, y acaba irremediablemente convertida en Fantasía. Toda "mitología" trataba de explicar el mundo completamente en serio, al igual que ahora lo hace la ciencia, quien tampoco está exenta de crear sus mitologías propias.

El origen de los juegos de rol se encuentra profundamente enraizado en la literatura del género, y digo género porque de aquella apenas había diferenciación por parte de los fans y los autores escribían ambas sin ruborizarse. Realmente, tal diferencia que da lugar al mencionado debate se debe únicamente a una creación del márketing a parit de los años 80, buscando la segmentación del mercado, una estrategia básica del capitalismo consumista. Una imposición más al arte, vamos. Pero como ya digo, originalmente la concepción de los fans era más abierta y fresca. De ahí que cuando Gygax y Arneson crearon las primeras ambientaciones, la génesis de D&D, escogieran para el aspecto del mundo una fantasía medieval americanizada, como fué cultivada por autores desde Howar a Vance o Zelazny, pero incluyeron siempre una visión "científica", "racional" de muchos aspectos del mundo, algo de lo que es imposible escapar cuando se tiene la mentalidad de un "wargamer". Y como todas las inspiraciones eran de naturaleza múltiple y no habían sufrido las prejuiciantes y malformadoras exigencias del mercado, "mezclaban" -para ellos no era tal cosa- diferentes elementos porque todo contribuía a dar más y más emoción a la aventura. Y además, que narices, quedaba bonito.

Esa es la sana mentalidad que lleva a los chicos de La Marca a incluir al viajero.

Pero además me evoca importantes reflexiones vitales propias de estos últimos años. No estamos ante un astronauta que cae en un mundo de fantasía. Estamos en un mundo medieval mágico en el que aparece un elemento extraño, un elemento de otro mundo, "lo otro" que está más allá del espacio y del tiempo, lo diferente del presente. Simbólicamente coloca el elemento de Ciencia Ficción como una referencia a un "pasado olvidado" o similar, mientras que el mundo mágico medieval es "lo actual", "lo normal", dando a entender que el mundo humano es irremediablemente el de la lucha por la supervivencia, el de sus pasiones e interpretaciones mitológicas. "Al final la barbarie ha de triunfar", en palabras de Howard, y la civilización tecnológica es un efímero sueño condenado a la larga por sus propias idiosincrasias, como nuestra realidad parece empeñada en corroborar. El mundo medieval fantástico, reinterpretación del mismo mundo mágico en el que Neandertales y Cromañones "vivían realmente".

Y en definitiva, que para la naturaleza del D&D -y de los juegos de rol-, la figura del Viajero de las Estrellas, esa figura del "buen salvaje" a la inversa -el buen civilizado-, es fundamental.

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Aventuras en La Marca del Este